sábado, 15 de mayo de 2010

13. Libros de dos cabezas



Pensar bien, tener ideas originales y saber escribir son tres cualidades valiosas. No abundan demasiado, pero tampoco podemos decir que son escasas, mucha gente tiene alguna de ellas. Algo más raro es que disponga de dos, teniendo en cuenta que son cualidades que, disposiciones naturales aparte, implican un mantenimiento exigente. Y si alguien puede hacer bien las tres cosas, prácticamente entra en la categoría de seres privilegiados que pueden influir en el mundo, al menos un poco más que el resto de los mortales.

Todos hemos admirado a alguno de estos, los hemos seguido devotamente y aprendido de ellos unas cuantas cosas. Pero reduciríamos mucho el campo de los "escuchables" si nos limitáramos a estos fenómenos, ¿qué hacemos con quienes se dedican a una actividad concreta, progresan en ella, ven cosas a las que los demás no podemos acceder, tienen propuestas originales... y no son hábiles preparando una exposición? ¿No atenderles? Nos perderíamos, cómo dudarlo, mucho. La solución estándar es buscar a alguien que sepa escribir, y hacerlo a medias. La versión cruda de esta solución es contratar un negro (poco que objetar, habiendo hecho ese trabajo alguna vez y no descartándolo para el futuro). Personalmente aprecio más la colaboración explícita, cuando ambos autores, uno de ellos profesional de la escritura y el otro de la materia de que se trate, firman juntos. Ahí quedan bestsellers millonarios y perdurables para atestiguar las posibilidades de la fórmula. Como La meta, de Eliyahu Goldratt, consultor de empresas, y Jeff Cox, escritor mayormente... de jardinería.

Bueno, puede que La meta no sea una obra literariamente deslumbrante: tampoco lo pretende. Pero hay otras lecturas magníficas que se han hecho a cuatro manos (o a dos, no nos pongamos exigentes, pero de distintos propietarios).

He encontrado un libro excelente que tiene un grado de colaboración intermedio: lleva una única firma, pero una página de agradecimientos dice: "si este libro se lee como una novela es porque mis apuntes fueron vertidos a narración por mi amigo Daniel Martin Klein, novelista". El que firma es Robert Akeret, el libro se llama Historias de un terapeuta viajero y lo publicó en castellano Urano en 1995 (es lo que tiene no leer a la moda).

Seguramente la estructura del libro, y su fluir (creo que las dificultades con el flujo son el problema más extendido entre quienes piensan bien pero no escriben bien), se deben a Klein, pero la chicha, tierna y nutritiva (y bárbara, como en un cuento de hadas), es de Akeret. No me resisto a adelantar un trocito de solomillo, allí donde pone en boca de Erich Fromm: "Hay una parte del Talmud que habla de esos sueños. Dice que un hombre que sueña que riega un olivo con aceite de oliva tiene deseos incestuosos. Pero un hombre que sueña que se acuesta con su madre anda en busca de conocimiento".





(Una nota al pie: la frase de Fromm abre otras posibilidades de colaboración, porque el Talmud es, tomo de la wikipedia, un "producto de un proceso de escritura grupal, a veces contradictorio").


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