sábado, 10 de abril de 2010

11. Cuernos y pelotas.



Me llama una de mis hermanas desde una ciudad de provincias: noche de sábado y no hay nadie en la calle. Igual que en Madrid y Barcelona, cuyos equipos juegan hoy lo que se llama un clásico. El fútbol, la pasión que permite dejar de ver lo que pasa en la vida de uno y en la de todos. Algunos argentinos llegados por aquí cuentan cómo les despojaron el país mientras ellos miraban el fútbol.

Antes del fútbol eran los toros. Se decía que "cuando se perdió Cuba, la gente salía de los toros", sin caer en que cuando se perdió Cuba y cuando eso se supo en Madrid fueron momentos muy distantes. Antes del fútbol, los niños jugaban al toro. A torear, vamos: el que hacía de animal llevaba dos navajas abiertas a modo de cuernos, cogidas con las manos separadas a la distancia de los de verdad, y seguía el vuelo del capote (que podía ser chaqueta, gabardina...) disciplinadamente, hasta el punto de que si quien lo manejaba se equivocaba, la navaja no se desviaba y resultaba "cogido". Las casas de socorro de la época atendieron muchas heridas por asta de toro... de acero templado. Esto lo cuenta Díaz Cañabate, cronista de Madrid, entre otras cosas pintorescas, como los señoritos calavera invitando a torrijas al caballo del coche de punto.

No interesándome demasiado el fútbol, todavía ando con dos navajas en los bolsillos, cerradas, pero prontas a usarse. Pero no están hechas ni en Toledo ni en Albacete. En mi bolsillo derecho va la de Occam, fraile medieval que probablemente ya la encontró hecha, y que es muy conocida, pero usada con menos frecuencia de la conveniente: "la explicación más simple es la más probable, pero no siempre la buena" (hay muchos otros enunciados, algunos hasta en latín, pero este representa bastante bien la idea básica).

La del bolsillo izquierdo, la de Hanlon, es menos conocida, pero (¡goool...! aúllan ahora por aquí, y empiezan a sonar cohetes: del Barça, pues) igual de útil: "no atribuyas a malicia lo que la estupidez pueda explicar".

Podría pensarse que andar armado no es la mejor manera de llevar una vida apacible, pero lo cierto es que estas armas intelectuales ayudan precisamente a ello. Ayudan mucho, en particular, contra la paranoia: cuando recibimos un daño podemos pensar, aplicando la derecha, que se debe al ordinario roce entre humanos y no a una conspiración; y después, con la izquierda, que el roce entre humanos genera desgarrones por descuido, por incompetencia, por pereza mental... por, en definitiva, estupidez. De la que no se libra nadie: hasta las personas habitualmente inteligentes tienen momentos y situaciones en que no lo son.

Sí, ambas navajas aportan mucha calma y comprensión. Pero otras veces uno lee los titulares, observa por ejemplo cómo esa compleja maquinaria judicial se pone en marcha con tantas piezas que deben funcionar armónicamente, con tanto trabajo, para conseguir sentar a un juez de la Audiencia Nacional en el banquillo... y echa en falta una cuchillería entera.

Estremecedora abundancia de cohetes: ha ganado el Barça

domingo, 4 de abril de 2010

10. Equipaje imprescindible


Palmira duerme por primera vez fuera de casa. La llevamos a la de su prima María con el equipaje imprescindible: un pijama, un cepillo de dientes y tres libros.