Remato la traducción de uno que me gustaría subtitular "Cómo convertirse en hombre sin necesidad de que una princesa te bese el hocico", pero me tendré que conformar con el título tal cual, Consulta para Sapos.
Presento otro en la librería Gil, ante un público cautivo: la mitad son amigos míos, la otra mitad del autor. Ambos tenemos muchos, así que la cosa es resultona. Diecinueve rayas, de Silvia Andrés y Rafael Manrique. Como es natural, no entusiasma a todo el mundo; a mí, ya releído varias veces, me sigue pareciendo un ejercicio magnífico de comprensión amplia, sin juicios, de los cruces en que nos encontramos. Dentro de unos años alguien se hará famoso copiando su estilo.
La directora de la librería, Paz Gil, en sí misma un hallazgo porque es permanentemente encantadora, me presenta a otro: Carmichael, que tiene una librería de viejo y dos minervas en una aldea, Lloreda de Cayón. Lo de la librería es bastante atractivo, pero las dos minervas con las que hace ediciones de poesía con viejos Bodoni resultan irresistibles, así que con mujer, hija y amiga, me presento en Lloreda. ¿Sabe usted dónde hay una librería? En este pueblo, no, no hay ninguna. Una de un inglés... ¡Ah, un inglés! es por ahí... y llegas a una casa de pueblo como las demás, de madera y piedra, repleta de libros. Un sueño. www.carmichaelalonso.com
Otro, fresco de esta noche: alguien me explica que la mejor forma de aprovechar el café es conseguir que la cafeína abandone el cerebro y se reparta por el resto del cuerpo. Me enseña un truco para lograrlo que a veces funciona, pero no en mi caso. Mi sabio amigo dice que en este caso no queda más remedio que recurrir a lo seguro: echarle azúcar. ¡Pero a mí me gusta el café sin azúcar! Se encoge de hombros con expresión contrita. Tendré que elegir entre no aprovecharlo bien y tomarlo de una forma que odio.
jueves, 31 de diciembre de 2009
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